
El transporte público es una caja de sorpresas, tal y como ayer pudieron comprobar los usuarios de una concurrida línea coruñesa, que tuvieron como compañero de trayecto a un párroco que no tuvo problema alguno en poner el altavoz para escuchar mejor a la feligresa que le demandaba un exorcismo. @laopinioncoruna

Enviado por LaChicaDel2cv.







