Que puedas trasplantar depresión de un humano a una rata solo con su microbiota intestinal es de las cosas más fuertes que ha dado la neurociencia reciente. Cambia del todo cómo entendemos el ánimo: no todo empieza en la cabeza, buena parte se cocina en el intestino. @gonzaloruizutri
En este estudio se comparó la microbiota de personas con depresión y de personas sanas. En las que estaban deprimidas, el ecosistema intestinal era más pobre y menos diverso. También había un perfil inflamatorio más alto —más IL-6, IL-8, TNF-α y proteína C reactiva—, una mayor producción de cortisol y un desvío del triptófano hacia la vía de la quinurenina: un mayor ratio quinurenina/triptófano.
Para comprobar si eso podía tener un efecto causal, se transfirió esa microbiota a ratas cuya microbiota intestinal había sido deplecionada. Unas recibieron la de personas deprimidas y otras, como control, la de personas sanas. Solo las primeras desarrollaron anhedonia (menos interés por las recompensas) y conducta de tipo ansioso. En ellas también subió la quinurenina plasmática y el ratio quinurenina/triptófano, se alargó el tránsito intestinal y la proteína C reactiva tendió a elevarse.
