
El autor atribuye parte del problema a la vivienda cara, la automatización y la pérdida de empleos tradicionales, pero insiste en que también pesan la cultura y las políticas de diversidad, equidad e inclusión, que según él han pasado de la igualdad de oportunidades a favorecer a ciertos grupos y dejan a muchos jóvenes varones con la sensación de que las becas, contrataciones e iniciativas no son para ellos.
Rechaza tanto institucionalizar discriminación inversa como fomentar el victimismo masculino: lo que necesitan, dice, es propósito, mérito, oficios y formación profesional con el mismo prestigio que la universidad, y de nuevo instituciones (familia, iglesias, deporte, ejército, asociaciones) que exijan responsabilidad y den pertenencia.
Recuerda que los hombres se suicidan casi tres veces más que las mujeres y concluye que reconocer las dificultades de los chicos no resta nada a las chicas: hay que volver a hablar con naturalidad de trabajo, matrimonio, paternidad y servicio, y decirles a una generación que busca sentido que la sociedad también los necesita. @pitiklinov
