Vito Quiles entrando al gimnasio con un bocata de jamón para hacerse la matrícula en 3, 2, 1…

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Cada lanzamiento deja tras de sí un rastro de piezas, tanques y etapas que orbitan sin control. Cuando su trayectoria se degrada, la gravedad hace el resto: el material comienza a descender, ardiendo en el aire. Idealmente, los restos deberían desintegrarse por completo o caer en áreas designadas del océano. Pero como muestra este caso, no siempre sucede. @gizmodo