Hay una epidemia de “atropellitis aguda”

Hay una epidemia de "atropellitis aguda"

El atropello, que no ha sido un atentado, ha dejado ocho víctimas, cuatro de ellas en estado muy graves, como son dos mujeres con las piernas rotas. La prensa italiana confirma que ambas han pasado por quirófano, pero no detallan más datos. @lasexta

Hay una epidemia de "atropellitis aguda"

Es un italiano de origen marroquí, de segunda generación.

Hay una epidemia de "atropellitis aguda"

Grok no me ha querido hacer el mapa, pero…

Hay una epidemia de "atropellitis aguda"

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Vídeos del atropeIIo tras el salto.

El héroe que se enfrentó a él: “Ha intentado clavarme el cuchillo en el corazón y en la cabeza”.

Roberto Riccardi, traducido del italiano:

Ocho cadáveres en el suelo, pero bueno, solo es un pobre loco. El diagnóstico de siempre. La psiquiatría lo absuelve, la política da las gracias y el debate se cierra.

Estamos en Módena, corazón de Emilia, un sábado por la tarde. El Koudri, de 31 años, marroquí naturalizado italiano, licenciado en economía, ha lanzado su coche a cien por hora contra las aceras del centro, para atropellar al mayor número posible de personas. Al bajar del coche, empuñó un cuchillo largo y apuñaló a quienes intentaban ayudarlo.

Una mujer de 55 años ha perdido ambas piernas. Cuatro heridos se encuentran en estado muy grave. Lo detuvieron los transeúntes, no el Estado. Cuatro ciudadanos con el valor que las instituciones no encuentran desde hace décadas.

Y la primera reacción de la información italiana fue buscar su historial clínico. El Koudri había estado en tratamiento psiquiátrico. No encontraba trabajo. Se sentía «acosado». Un licenciado de 31 años que utiliza el léxico de la adolescencia para justificar una masacre. Con esta tríada se pretende cerrar el caso antes de que alguien tenga que abordar el problema del terrorismo.

El Koudri era licenciado. Al igual que lo eran o estaban integrados los autores de los atentados del metro de Londres en 2005: un profesor de apoyo, un hijo de empresarios, estimados en sus respectivas comunidades. Cincuenta y dos muertos. El título académico nunca ha sido una vacuna contra la radicalización. Es otra coartada que sirve para no mirar donde duele.

Porque el «desequilibrado» es el nuevo «caso aislado». La fórmula ha evolucionado, adaptándose a los tiempos. Si está loco, no es terrorismo; si no es terrorismo, no es un problema de integración; si no es un problema de integración, la política migratoria sigue siendo sagrada y quien la cuestiona es un racista.

Una cadena lógica perfecta en su función: no cambiar nada. Pero el gesto de El Koudri no es el gesto caótico de quien pierde el control. Es un protocolo: atropellar a la multitud a gran velocidad, causar el máximo daño a los peatones, huir a pie con un arma blanca.

El psiquiatra explica el porqué individual. El analista de seguridad reconoce la firma colectiva. IEn Italia se prefiere al psiquiatra: cuesta menos a la conciencia.

El catálogo europeo debería ser leído íntegramente, una sola vez, en silencio, por quienes aún hablan de casos aislados. En Niza, en 2016, un norteafricano con pasaporte francés condujo un camión por la Promenade des Anglais: 86 muertos.

En Barcelona, en 2017, una furgoneta en la Rambla: 16 muertos, marroquíes de segunda generación criados en Cataluña.
En Bruselas, atentados en el aeropuerto y en el metro: 32 muertos, belgas nacidos de familias marroquíes.

En Mánchester, un hijo de libios acogidos como refugiados se inmoló entre los jóvenes de un concierto: 22 muertos.
En Solingen, en agosto de 2024, un sirio apuñaló a tres personas en un festival.
En Magdeburgo, cuatro meses después, un saudí embistió con su coche a la multitud del mercado navideño.

¿Todos desequilibrados? ¿Todos solos? ¿Todos lobos solitarios que, por pura coincidencia, cazan a la misma presa con el mismo método?

Hay que decirlo con claridad, antes de que alguien se encargue de enturbiar las aguas: la inmensa mayoría de los musulmanes en Europa vive en paz, trabaja y respeta las leyes. Esto no se discute y quien afirme lo contrario miente.

Lo que está en juego, y que nadie quiere abordar, es un problema estructural de compatibilidad entre una interpretación literal del texto coránico y los fundamentos de la democracia liberal.

El cristianismo ha atravesado la Reforma, la Ilustración y dos siglos de secularización. El islam dominante no ha recorrido ese camino. No se trata de un juicio moral: es un hecho histórico. Y la historia presenta la factura, puntualmente, desde Niza hasta Módena.

Por un lado, el lobo solitario con el protocolo. Por otro, las pandillas de jóvenes de segunda generación que han hecho de la violencia callejera una identidad: los llaman «maranza», como si un nombre nuevo pudiera restar gravedad al fenómeno. Dos síntomas, una sola causa.

Karl Popper escribió que la tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de la tolerancia. En la izquierda lo citan contra cualquier resurgimiento fascista, y hacen bien. Pero que se aplique también al fundamentalismo islámico, o que se admita que la paradoja de Popper es de uso ideológico exclusivo, buena para los congresos e inútil para las aceras.

El islam es la mayor confesión religiosa no católica presente en Italia que no ha firmado el acuerdo previsto en el artículo 8 de la Constitución. Valdenses, judíos, budistas, hindúes, ortodoxos: todos han aceptado el pacto con el Estado. El islam, no.

Y, sin embargo, opera con una libertad con la que quienes han firmado ni siquiera sueñan: mezquitas ilegales en garajes y naves industriales que nadie cierra, espacios concedidos por alcaldes complacientes, candidaturas en las listas del PD para captar el voto comunitario.

La paradoja se ha consumado: la única religión que rechaza las reglas del juego democrático es la que goza de la máxima tolerancia. El premio es para quien no firma.

Tras Pearl Harbor, los estadounidenses internaron a 120 000 personas de origen japonés, dos tercios de ellas ciudadanos de pleno derecho, pero posibles enemigos o quintas columnas por su procedencia. Ya no podían confiar en ellos y lo hicieron para controlar y evitar atentados. Fue una infamia, reconocida medio siglo después.

Por el contrario, hoy en día Europa es incapaz de vigilar a un solo musulmán con antecedentes psiquiátricos evidentes y señales de alarma que cualquiera que no quisiera mirar para otro lado podría percibir.

Entre el internamiento masivo y la nada absoluta hay un enorme espacio. Se llama prevención. Nadie tiene el valor ni siquiera de hablar de ello, y mucho menos de ponerlo en práctica, porque eso significaría admitir que el problema existe.

El sábado por la tarde, mientras una mujer perdía las piernas en una acera del centro de Módena, los sitios web de noticias titulaban: «Coche arrolla a la multitud en Módena». Sujeto gramatical: el coche. Y el autor: un italiano.

Porque los principales medios de comunicación se apresuraron a definirlo como tal, como si el pasaporte borrara todo lo demás.

Pero tener la ciudadanía no significa poseer un trozo de papel. Significa haber hecho propia la cultura del país que la concede.

Y ahí radica precisamente el problema. En una izquierda globalista que no solo rechaza esa cultura, sino que se esfuerza por diluirla y anularla por completo.

Da que pensar que el hecho haya ocurrido en el corazón de la región más «roja» de Italia. Esa que inventó los tortellini halal, conservando el nombre pero vaciándolos de lo que los convierte en tortellini: el cerdo. La misma operación llevada a cabo con la ciudadanía: se mantiene la palabra, se borra el contenido.

En la tierra del tortellino, la carne halal entra en los comedores escolares, nadie se opone a quienes protestan contra los símbolos de la tradición emiliana y el Ramadán se celebra en la plaza. La Emilia que predica la integración ha integrado de forma unidireccional: no al extranjero en la cultura italiana, sino a Italia en la renuncia a sí misma.

El periodismo italiano ha muerto por sobredosis de conformismo, enterrado bajo el terror de ser acusado de oportunismo por quienes han construido sus carreras sobre la supresión de la realidad.

Quien llama al pan, pan, y al vino, vino, acaba en la picota. Pero el chacal no es quien señala el problema. Es quien lo silencia porque mencionarlo podría costarle una invitación menos al salón de la alta sociedad.

Una mujer en Módena ya no volverá a caminar. Le han arrancado las piernas. A este país le están arrancando la vista. Y quien intenta devolvérsela es tachado de racista por quienes nunca han tenido que esquivar un coche en la acera.

Hay una epidemia de "atropellitis aguda"

El feo accidente de Zarco ayer en la carrera de MotoGP.

Fijaos cómo se le engancha la pierna entre la rueda y el colín de la Ducati.

El feo accidente de Zarco ayer en la carrera de MotoGP.

El feo accidente de Zarco ayer en la carrera de MotoGP.

El feo accidente de Zarco ayer en la carrera de MotoGP.

El mismo Zarco ha confirmado desde el hospital que los ligamentos a la altura de la rodilla han cedido pero el fémur no se ha roto. También tiene una pequeña rotura en la parte inferior del Peroné.

En esa misma carrera también tuvo un duro accidente Álex Márquez.

Fractura en una vértebra cervical y la clavícula rota. Ha tenido muchísima suerte.

El feo accidente de Zarco ayer en la carrera de MotoGP.

Los salarios no suben. Pero no porque las empresas no paguen más.

Los salarios no suben. Pero no porque las empresas no paguen más.

En términos reales, el coste salarial bruto por trabajador se ha mantenido (+0,2%) y las cotizaciones del empleador han subido un 4,8%. La empresa paga lo mismo o más. El trabajador cobra un 3,4% menos.

¿Dónde se queda la diferencia? En la cuña fiscal. El IRPF y las cotizaciones del trabajador han subido un 15,4% en términos reales desde 2018. No ha habido una gran reforma fiscal. Lo que ha ocurrido es más sutil: la inflación empuja los salarios nominales a tramos más altos sin que se actualicen los umbrales.

Hacienda recauda más cada año sin cambiar la ley. Se llama progresividad en frío. Y a eso se suman el MEI y la cuota de solidaridad.

El problema del trabajador español no está en la nómina que firma la empresa. Está en lo que queda después de que pase por Hacienda y la Seguridad Social.

@SantiCalvo_Eco