


Dijeron que iban a cambiar este método, pero lo siguen usando.



No me extraña que un tonto del calibre de Rufián catalogue esa basura de discurso como algo brillante. Esta atomización es precisamente un producto de la izquierda subnormal de la que Gabriel forma parte.
Un feminismo absurdo que demoniza al hombre y envenena las relaciones. Un feminismo radical que arremete contra la familia y la pareja tradicional, vendiendo la vida sin hijos como la gran liberación. Una izquierda que ve los cuidados familiares como una carga opresiva, un castigo y casi una tortura. Una izquierda que predica la ausencia total de responsabilidad personal. Una izquierda hipócrita que, con una mano, vende colectivismo y, con la otra, impulsa políticas radicalmente individualistas.
Una izquierda que es capaz de convertir en ‘racista’ a una población que no lo era, a base de meter con calzador a millones de personas que no quieren integrarse, haciendo las calles menos seguras y condenando al caos a unas aulas para esos hijos que… mejor no tengas.
Lo que ha reventado la sociedad ha sido la promoción de esta reputísima mierda de ideales:

Una mujer en una casa cojonuda que sin nadie que la obligue prepara la comida para su familia, es algo rechazable porque “lo hace a cambio de nada”, porque el amor de sus hijos y su marido se considera NADA.
En cambio estar 12 horas en un avión que huele a pies siendo básicamente una esclava para personas desconocidas que no aprecian tu labor, a cambio de cobrar una basura con la que pagar un alquiler, el Spotify, el Netflix, la comida de los gatos (y los antidepresivos), es realización personal y liberación de la mujer.
Todo se puede mirar desde prismas interesados, pero analizar de forma tan miope las claves que nos han llevado hasta aquí, es puro cinismo. Occidente lleva décadas siendo gobernado por socialismo progresista.