Vio al menor desenfundar el arma blanca en medio de una pelea. No calculó la edad. No pensó en titulares. No dudó. Priorizó la vida de los presentes, sacó su arma y solo bajó la guardia cuando el agresor soltó el cuchillo. Entonces lo arrestó.
Los menores que eligen actuar como delincuentes armados no merecen el escudo de la inocencia. La responsabilidad no se mide por el carnet de identidad: se mide por la acción. Quien amenaza con un cuchillo debe enfrentar las consecuencias como el delincuente que decide ser.








