
Y es que este fenómeno de movimiento hacia localidades más pequeñas hace que los cambios que ha sufrido la gran ciudad -como la disminución de su identidad propia- también lleguen a estos lugares. “Se mudan a Mataró, Girona, Sitges, etc, esperando paella, flamenco y una ciudad más ‘española’. Sin embargo, se encuentran con cafés donde todo el mundo habla su mismo idioma, comen el mismo brunch que en Londres y pagan con Revolut. Se desilusionan”, afirma el arquitecto. @lavanguardia




