La gente suele tener una idea equivocada de la situación de las mujeres y los hombres a lo largo de la historia.

Aquí Elvira Roca nos hace un muy buen resumen. Aunque añadiría algún matiz y quizás alguna pequeña corrección, es bastante acertado y, además, debería servir como recordatorio de nuestra necesidad de colaboración, como invitación a la conciliación y no al enfrentamiento. @calotonterias

No se podía saber.

No se podía saber.

Técnicos de Red Eléctrica y de los centros de control de distintas centrales llevaban meses conversando antes de que sucediera el apagón de la falta de estabilidad que había en la red eléctrica, en la que entraba mucha generada por energía fotovoltaica pero poca síncrona, “gorda”, lo que contribuía a alteraciones de la tensión como las que terminaron tumbando el sistema el 28 de abril de 2025. Así se puede ver en las conversaciones de meses antes, pero también en una que se produjo apenas hora y media antes del cero eléctrico, en la que un técnico de Red Eléctrica se mostraba de acuerdo con la afirmación de otro de una central en la zona de Sevilla, que advertía: “creo que vamos a ver un cero gordo”. @20minutos

No se podía saber.

No se podía saber.

Extra: Dimite el presidente de Forestalia tras reconocer sus vínculos con el socio de Cerdán y altos cargos del Gobierno.

Lo del estrecho de Ormuz me recuerda a un chiste super viejuno.

Lo del estrecho de Ormuz me recuerda a un chiste super viejuno.

Cuando se creó el cuerpo humano, todas sus partes querían ser el jefe.

El cerebro dijo: ya que yo controlo esto y pienso por todos, yo debería ser el jefe.

Los pies dijeron: ya que nosotros transportamos el cuerpo a donde desea el cerebro y le permitimos así hacer lo que quiere el cerebro, nosotros deberíamos ser el jefe.

Las manos dijeron: ya que nosotros hacemos todo el trabajo y ganamos dinero para mantener todo el cuerpo, deberíamos ser el jefe.

Y así siguieron el corazón, los ojos, las orejas y los pulmones….

Pero por fin, el anо habló y pidió ser el jefe. Las otras partes del cuerpo se rieron a carcajadas ante la idea de que el anо pudiera ser el jefe.

Entonces el anо montó en cólera y se cerró y se negó a funcionar. Rápidamente el cerebro enfebreció, los ojos se pusieron bizcos y vidriosos, los pies demasiado débiles para caminar, las manos colgaban sin fuerzas y el corazón y los pulmones luchaban por sobrevivir.

Entonces todos le suplicaron al cerebro que cediera y permitiera al anо ser el jefe.

Y así se hizo.

Todas las partes del cuerpo hacían el trabajo, mientras el anо les dirigía a todos y se ocupaba principalmente de la mіerda, como todo jefe digno de este título.