Un impacto por alcance no es un descarrilamiento, es algo muy grave reservado a países tercermundistas.
Eduarda, pasajera del Iryo en la colisión entre dos trenes en Toledo:
“Yo he visto a un señor que solo se le veía la cara y todo el tren encima de él”
Joaquín Torres iba en el vagón 5:
“Se me ha muerto una mujer en los brazos”
Nacho Abad ha acabado el programa llorando.
Todo esto es terrible. Este tipo de exhibiciones morbosas no me gustan, pero la realidad incómoda es que cuando la gente no ve las consecuencias en todas su crudeza, no entiende lo importante que es sacar a las ratas del gobierno y de las instituciones.
Ratas que roban, colocan a sus amigotes, venden el país al mejor postor, desvían pasta difícil de rastrear a repúblicas bananeras con la excusa de la cooperación internacional…
Estar gobernados por mercenarios acaba materializándose en cosas como ésta. Los efectos no siempre son tan gráficos ni tan evidentes, pero están ahí todos los días y van degradando el país e velocidad de crucero.