

Al nacer son negras y rojas, y con cada muda van transformándose hasta adquirir el blanco y rosa con el que imitan flores. Pero antes de llegar ahí, tienen que sobrevivir sus primeros minutos: blandas, expuestas y con apenas minutos para endurecerse y escapar antes de convertirse en presa — de un depredador, o de su propia familia.