
Todo sucede a velocidad de vértigo. El piso aparece en el chat con su precio de venta, el alquiler estimado, y la rentabilidad prevista que puede obtener el inversor si decide comprarlo. A partir de ahí, cada minuto cuenta: los interesados envían un correo electrónico y dicen que lo quieren —generalmente para arrendarlo— basándose en la información que la empresa les transmite: metros cuadrados, habitaciones, zona de la ciudad donde se encuentra, año de construcción, si necesita algo de reforma, y las comisiones a abonar a los intermediarios. Luego, las empresas que los ofrecen hacen un sorteo o llaman a los candidatos según el orden de peticiones. Unas horas después, la operación está cerrada: inmueble adjudicado, se informa al resto. @elpais

La política neoliberal dice el notas… en el país de la burocracia, los impuestazos y las trabas de todo tipo. Si es que es un máquina.
La culpa es de la ultraderecha.
“Si España no hubiera vendido a fondos buitre la vivienda protegida construida en 50 años de democracia, tendríamos uno de los parques de vivienda más grandes, en cambio lo tenemos en el 2%, por debajo de la media de la UE que está en el 5-6%”
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