



Ejemplo de algo que no se suele tener en cuenta: piso normalito en Murcia. 500 euros de IBI al año. En 40 años has pagado 20.000 pavardos solo en IBIS por algo que supuestamente ya es tuyo.
La riqueza de las naciones no se mide por el gasto público total, sino en la calidad de ese gasto público, de lo que de verdad llega al ciudadano.
Y en eso, España retrocede pese a años de gasto público récord, alimentado con impuestos y deuda crecientes.
Adam Smith ya distinguía entre trabajo productivo e improductivo: el gasto que sostiene al Estado, por legítimo que sea, no acrecenta la riqueza real de un país.
Cada euro desviado a “manos improductivas” es un euro que no se convierte en capital productivo o bienestar futuro.
España lleva años siguiendo este camino.
Es la misma trampa del mercantilismo que denunciaba Smith: confundir el tamaño del tesoro (o del gasto) con la prosperidad de la nación.
250 años después algunos siguen midiendo el éxito económico de un país por el volumen del gasto público y no por cómo ese gasto público mejora la vida de sus ciudadanos. @davmiranda


Enviado por @Igualdad_7_2521
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En términos reales, el coste salarial bruto por trabajador se ha mantenido (+0,2%) y las cotizaciones del empleador han subido un 4,8%. La empresa paga lo mismo o más. El trabajador cobra un 3,4% menos.
¿Dónde se queda la diferencia? En la cuña fiscal. El IRPF y las cotizaciones del trabajador han subido un 15,4% en términos reales desde 2018. No ha habido una gran reforma fiscal. Lo que ha ocurrido es más sutil: la inflación empuja los salarios nominales a tramos más altos sin que se actualicen los umbrales.
Hacienda recauda más cada año sin cambiar la ley. Se llama progresividad en frío. Y a eso se suman el MEI y la cuota de solidaridad.
El problema del trabajador español no está en la nómina que firma la empresa. Está en lo que queda después de que pase por Hacienda y la Seguridad Social.