
La epidemia de idiotas está fuera de control.
“Qué pasaría si quitáramos las fronteras y las naciones sin borrar la identidad cultural?”, se pregunta la tía sin ruborizarse ni un poco. Pues ya te contesto yo: no se puede, pasaría lo mismo que si mezclas café y leche, azúcar y canela o agua y sal. Las fronteras son la garantía real de que las culturas no mueran y no se invadan entre sí, las fronteras salvan vidas y las fronteras protegen identidades. Un mundo sin fronteras sería la jungla (ya lo es), y decir o pensar cualquier otra cosa es una muestra de infantilismo y de ingenuidad que te convierte en un peligro para tu sociedad. @javionsalo
Este tipo de personas se escandaliza porque circules a 150 km/h por una autopista por el peligro que conlleva, pero al mismo tiempo invita a eliminar las fronteras.

Cuando la entonces canciller alemana Angela Merkel abrió las fronteras a los refugiados sirios, en 2015, lo hizo con el respaldo generalizado de la sociedad alemana. El 84% de los encuestados aprobaron en ese momento la medida. Más allá de las encuestas, los alemanes se volcaron personalmente en la operación de acogida, con donaciones, presentándose voluntarios e incluso recibiendo en sus propios domicilios a los recién llegados. Mientras tanto, el Estado creaba a toda prisa la infraestructura para dar cabida a los 1,5 millones de refugiados que llegaron en apenas año y medio. @abc

“Pensé que Billie no creía en las fronteras… pero a juzgar por la entrada, ¡Billie sí cree en las fronteras! ¡Déjanos entrar, Billie! Estas son tierras robadas, creemos que deberíamos tener acceso a tu preciosa mansión”.
Venimos de aquí.
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