La rueda grande se mueve hacia el sentido CONTRARIO al que se le está empujando. Y encima lo hace a más velocidad.
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Los científicos han encontrado repetidamente Porphyromonas gingivalis —la principal bacteria que causa la periodontitis— dentro de los cerebros de personas que murieron con Alzheimer.
Cuando los investigadores infectaron deliberadamente ratones con esta bacteria, los animales desarrollaron rápidamente patología clave del Alzheimer, incluyendo la acumulación de placas de beta-amiloide.
Quizás lo más alarmante, las enzimas tóxicas de la bacteria han sido detectadas en los cerebros de personas que muestran cambios tempranos del Alzheimer años antes de que aparezca la pérdida de memoria u otros síntomas, lo que sugiere que la infección podría iniciar el daño de manera silenciosa mucho tiempo antes.
Estos descubrimientos han generado un interés serio en nuevos enfoques de tratamiento. Un fármaco experimental llamado COR388 (de la compañía Cortexyme) ya ha tenido éxito en reducir tanto la carga bacteriana como los niveles de beta-amiloide en modelos preclínicos. Aunque aún se necesitan ensayos humanos a gran escala, la evidencia se acumula de que al menos algunos casos de Alzheimer podrían tener un desencadenante infeccioso en lugar de ser puramente degenerativos.
[Dominy, S. S., et al. “Porphyromonas gingivalis in Alzheimer’s disease brains: Evidence for disease causation and treatment with small-molecule inhibitors”, Science Advances, 5(1), eaau3333]

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Su objetivo era crear “superpolímeros” sintéticos con estructuras similares a las de las proteínas para emular o reemplazar la seda natural.
Durante sus Conferencias Navideñas de 1976, George Porter asombró a los niños del público al fabricar nailon allí mismo, en el auditorio.
Los que jugaban, lo hacían correctamente o haciendo trampas, y estaban conectados a unos cables de electroshock
Los que observaban, estaban conectados a sensores que medían la actividad cerebral.
Cuando a los que no hacían trampa les daban un electroshock, en los cerebros de todos los observadores -hombres y mujeres- se encendían los centros de empatía.
Pero aquí viene la clave: cuando a los que SÍ hacían trampa les daban un electroshock, en los cerebros de las mujeres se SEGUÍAN encendiendo los centros de empatía, pero en los de los hombres no sólo no se encendían los centros de empatía -al contrario- se encendían los centros de pIacer. Los varones sentían pIacer por la justicia. Las mujeres sólo respondían al sufrimiento inmediato.
El estudio.