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Básicamente son dos ganchos diseñados para explotar un bug de esas cerraduras que deja al alcance el mecanismo que acciona el bombín.
A Cristina le cobraron 508 euros por abrir una puerta en cuestión de segundos. En el caso de Ismael, fueron 788 por una llave rota en la cerradura: incluso le cobraron un “plus de peligrosidad” por COVID, aunque el cerrajero no llevaba mascarilla. @lasexta
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