Un gato no “pertenece” a nadie ni tampoco aceptará de forma automática a las personas que viven con él nada más llegar a casa. La forma que tienen los gatos de relacionarse es distinta porque su cerebro funciona diferente. Para ellos, la seguridad es su prioridad y los vínculos se basan en la confianza. Y esa confianza se construye con el tiempo.
En este sentido, está demostrado que los gatos liberan oxitocina, hormona asociada al vínculo afectivo y a la reducción del estrés, cuando están en compañía de aquellas personas con las que han establecido una relación de apego seguro, del mismo modo que lo hacen los niños humanos con sus madres.










