Típica casa de pueblo. De escaleras empinadas y terraza alegre. Con su patio ahora veraniego, jovial. Piscina que tienta. Y una zona de hamacas y tumbonas, galana, donde el tiempo no parece discurrir. O no queremos que lo haga. Un tímido oasis en mitad de un Madrid árido. Un remanso de paz en el que se recrea Cécile Rabbat, su marido y sus cuatro hijos. Al menos durante algunas horas, de tres a seis de la tarde. Después, otros lo disfrutarán.
Pero durante ese intervalo de tiempo, es refugio único de Rabbat. Por él ha pagado 75 euros, 5 euros la hora por persona. Se lo ha alquilado a Mercedes Rodríguez, propietaria de la vivienda, su residencia habitual. Es tendencia veraniega en España: el alquiler de piscinas privadas. Y en Madrid no ha dejado de crecer desde la pandemia. @abc