Siempre he pensado que el trabajo de veterinario es bastante duro.

Siempre he pensado que el trabajo de veterinario es bastante duro.

La razón más reciente es la entrada en vigor del Real Decreto 666/2023 sobre medicamentos para animales, cuyo objetivo es la implantación de Presvet, un sistema que exige el registro de antibióticos a los veterinarios para controlar la resistencia a los antimicrobianos y que, según afirma el Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, «ha marcado un antes y un después en el ejercicio de la profesión». Se explican: «Lo que para el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) supone un avance hacia un uso más responsable y trazable de los medicamentos, especialmente de los antibióticos, para buena parte del sector se ha traducido en un escenario de tensión, inseguridad y conflicto diario en la práctica clínica».

Así lo describe Rebeca: «Si ya de normal estamos estresados y la carga de trabajo es brutal, al sumar una gran carga burocrática que, además, nadie entiende, pues imagínate… Al final el decreto te obliga a manejarte entre la ética profesional y la legalidad porque cada vez que viene un perro tengo que asegurar qué antibiótico darle según la ley, y no suele coincidir con el críterio clínico». Un panorama que ha propiciado el nacimiento de asociaciones que defienden una iniciativa legislativa popular (ILP) para derogar el decreto en cuestión, como VetsUnidos y VetsWarriors, y hasta la formación de un comité de crisis del que también forma parte la Organización Colegial Veterinaria (OCV) que aspira a agitar a los colegios profesionales y a generar diálogos con la Admnistración. @elmundo