
Este científico que era un escéptico radical, estaba convencido de que estos dispositivos no tenían la capacidad técnica para causar tales daños de forma encubierta. Y para demostrarlo decidió construir su propio cañón microondas casero con el objetivo de desmentir las teorías sobre el Síndrome de la Habana y demostrar que no produciría efectos neurológicos significativos.
No obstante, al activar el aparato y exponerse directamente a las ondas de alta frecuencia, el investigador no solo experimentó los síntomas que intentaba desacreditar, sino que sufrió lesiones físicas. Los médicos descubrieron evidencias de que parte de su tejido cerebral había sido dañado por el calor y la energía, un efecto coloquialmente descrito como “cocinar” el cerebro desde dentro. @eleconomista










