“Si estoy hot, son dos veces por semana.”
Pierde una semana y su esposo se convierte en un “pequeño bicho raro quisquilloso” que empieza a buscar peleas por la mantequilla.
Admite que aún lo hace incluso cuando está exhausta porque “él merece ser reconocido”.
Esa mujer sabe de lo que habla.
No dice que sea una cosa que hagas en contra de tu voluntad, dice que adquiere un compromiso. Igual le da pereza empezar, pero acaba disfrutando siempre o casi siempre. El resultado y lo que cuidas con ello merece ese esfuerzo.
Es un consejo honesto y alineado con la biología y la psicología humana. No es mear contra el viento que es lo que se lleva haciendo varias décadas sin ningún éxito.


