
Quienes se identifican de este modo aseguran que no se trata de un juego ni de una performance: dicen sentirse, en un plano identitario o espiritual, como un animal no humano —perros, gatos, lobos o felinos, entre otros— aunque aclaran que saben que biológicamente son personas. @eleconomista

Hasta organizan peIeas rollo “el club de la lucha furro”:





