

Era una forma lamentable y desesperada de intentar convencernos de que un problema derivado de la falta de voluntad, del nulo control de los impulsos, de la pura debilidad, era en realidad una decisión.
Algunas (y algunos) tiraban del “es un problema médico”, y se parapetaban en ese pequeño porcentaje de casos reales. Pero todos sabemos lo que es en el 99% de los casos.


